Lo sabía todo: las raíces rosarinas de Lionel Messi

17 mayo, 2026

Con 12 años, Lionel Messi puso fin a la carrera de su primer entrenador, Enrique Domínguez. En 1999, el entrenador decidió renunciar al club de niños Malvinas Argentinas en Rosario porque “ya había entrenado al mejor jugador del mundo.”

Si buscas “Estado de Israel 525, Rosario, Argentina” en Google Maps, la respuesta resuena: “Lugar de nacimiento de Leo Messi.”

En Argentina, hay homenajes por todas partes a la estrella, que a los 38 años busca batir nuevos récords al participar en su sexta Copa del Mundo.

El lugar de nacimiento de Messi es una calle sin pavimentar en un vecindario de clase trabajadora ubicado al sur de Rosario, una ciudad portuaria a orillas del río Paraná, la enorme vía fluvial que solo es superada por el Amazonas en Sudamérica.

La familia Messi vivía allí cuando, el 24 de junio de 1987, nació el tercero de cuatro hermanos. Hoy, es el abanderado de Argentina, que lidera la nación mientras defiende su título en la Copa del Mundo 2026, que se disputará entre el 11 de junio y el 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México.

La primera casa de Messi, hoy una vivienda deshabitada, es una especie de santuario pagano. En la reja metálica de la entrada cuelga una bandera de Colombia que resalta el alcance transcultural del ídolo argentino. “Leo, tu grandeza trasciende fronteras, gracias por tanto fútbol y magia. Con afecto, un colombiano agradecido”, dice.

A pocos metros y a un par de casas se encuentra el lugar donde nació el amigo de la infancia de Leo, Walter Barrera. Se conocen desde la cuna.

Barrera, de 39 años, dice que siempre estuvo claro que el destino de Messi era el fútbol.

“Desde niño sabíamos que iba a jugar en algún lugar, era un animal. Lo veías jugar cuando era niño y decías ‘paráaa‘ (“¡alto!”),” relata Walter.

 

‘Juguetón pero saludable’

El amigo de las aventuras de la infancia de Leo recuerda cómo probaron distintos deportes en la calle: rugby, béisbol, fútbol-tenis. Y también cómo, en ocasiones, llegaron a enfurecer a la guarnición militar local por su afán de llegar a la escuela.

“Cortamos el alambre de púas del Batallón 121 para atravesar sus terrenos como atajo a la escuela, y fuimos perseguidos por algún soldado de guardia,” recuerda Walter entre risas. “Éramos bastante traviesos pero de una forma saludable.”

Andrea Sosa es hoy una profesora jubilada, pero en 1997 enseñaba matemáticas a los quintos y sextos grados en la escuela General Las Heras, a unas cuantas manzanas de la casa de los Messi.

Ella recuerda que Lionel “le gustaba salir a los recreos para jugar con cualquier pelota, ya fuera una hecha con papel, calcetines o tapas de refresco.”

“La Pulga”, la pulga, como lo llamaban de niño, por su pequeño físico, siempre destacó por su velocidad y su habilidad.

Quienes lo vieron jugar a los ocho años juran que era igual que cuando el mundo lo descubrió después en Barcelona.

En la memoria de Domínguez, su primer entrenador, “lo que Leo está haciendo hoy en un partido de Primera División o en una Copa del Mundo es lo mismo que hacía a los 12 años.”

 

‘Lo sabía todo’

Después de empezar en el club Abanderado Grandoli, Messi probó suerte en Malvinas Argentinas, la categoría sub-12 vinculada a los gigantes locales Newell’s Old Boys, de los que es fan.

“Empezamos en 1999 con Leo … para mí era un regalo del Cielo,” recuerda Domínguez, de 72 años.

“Una vez me preguntaron: ‘¿Qué reconoces de lo que le enseñaste cuando ves a Leo jugar?’ Nada – porque no podía enseñarle nada, ¡él lo sabía todo!”

Cuando dejó de entrenarlo ese mismo año, Domínguez dice que comunicó su renuncia al coordinador del club: “Cuando dije que era el mejor jugador del mundo, me quedé corto; para mí es el mejor jugador de la historia.”

A finales del siglo pasado, las finanzas de la familia Messi no estaban en su mejor momento.

Adrián Coria fue el entrenador de Leo cuando el jugador subió a Newell’s. Más tarde volvería a encontrarse con la estrella en Barcelona y con la selección argentina, trabajando como asistente de Gerardo ‘Tata’ Martino.

Coria recuerda que Jorge Messi, el padre del jugador, hizo un gran esfuerzo para garantizar que Leo siempre estuviera en los entrenamientos.

Tenían “un Renault 12 [coche], que estaba hecho polvo” y a veces decía que no sabía si volvería al día siguiente “porque no tenía dinero para la gasolina,” recuerda Coria.

Jorge había perdido su trabajo y la cobertura de salud cuando se detectó en su hijo un problema de crecimiento que requería un tratamiento costoso.

“En esa época Leo iba 40 centímetros y 15 kilos por detrás de sus compañeros. ¿Sabes lo que es eso para un jugador? Terrible,” recuerda Coria.

Pero ya “sabía lo que quería en la vida, quería ser futbolista, quería ser el mejor.”

Con la promesa de ayudarle a resolver sus problemas de crecimiento y financiar su tratamiento, Messi dejó Newell’s y se trasladó a España, uniéndose al Barcelona catalán en 2000, con apenas 13 años.

El resto es historia.

Martín Arancibia

Martín Arancibia

Soy Martín Arancibia, periodista deportivo apasionado por las historias que nacen en el fútbol argentino. Me especializo en crónicas y análisis que buscan ir más allá del resultado. Creo que cada partido es una oportunidad para contar algo que conecte con la gente.