Como luna de miel, la de Stefano Di Carlo fue casi indecentemente breve. Apenas había ganado una victoria aplastante en las elecciones presidenciales de River Plate el pasado sábado cuando ya estaba de vuelta en el Monumental mirando uno de los peores resultados en la memoria reciente del club. Un recordatorio de que, a pesar de la inversión récord que el apodadamente Millonario ha realizado en los últimos años, todo no está bien ante un posible punto de ruptura tanto para ellos como para Marcelo Gallardo.
El fallo de penalti de último minuto de Miguel Borja añadió insulto a la herida para River, que cayó 1-0 ante Gimnasia y Esgrima La Plata frente a una afición local hostil y frustrada. Fue la séptima derrota de los hombres de Gallardo en los últimos 10 encuentros, una racha que ha hundido sus esperanzas de trofeos tanto en casa como en el extranjero. Durante ese periodo, River también vio terminar su búsqueda de la Copa Libertadores a manos del Palmeiras, así como un descalabro humillante en la Copa Argentina a manos del Independiente Rivadavia, dejando la fase de Clausura de la liga como su última oportunidad de trofeo.
Y ni siquiera eso parece tan seguro en este momento. Esas derrotas persistentes han visto al Millonario deslizarse en las clasificaciones, no solo en el Grupo B del Clausura, sino también en la tabla anual, que determina la clasificación continental para 2026. La derrota de este fin de semana podría significar no solo caer fuera de las ocho plazas de playoffs, sino también perder su supuesto cupo en la Libertadores para el año que viene.
Afortunadamente habrá poca presión sobre el nuevo presidente y el entrenador mientras River se prepara para enfrentarse (revisando mis notas) a Boca Juniors en la Bombonera. Oh.
El Xeneize estará deseoso de empezar en el Superclásico del domingo. Aún sin un sucesor permanente del fallecido Miguel Ángel Russo en el banquillo, Boca se ha recuperado de aquella derrota desgarradora para ganar tres de sus últimos cuatro en la Liga Profesional de Fútbol y casi garantizar su regreso a la Libertadores, con la satisfacción adicional de hacerlo a expensas de sus rivales acérrimos que están fallando.
El entrenador interino Claudio Ubeda por fin ha dado con la fórmula ganadora en ataque, emparejando a Milton Giménez con Miguel Merentiel en ausencia de Edinson Cavani. Habiendo logrado apenas un gol en los primeros 10 partidos de la Clasura, el muy criticado Milton ha anotado cinco en los últimos cuatro juegos; en la familia Giménez, su hermano Edilson ha sido clave en la campaña de la Primera C de Ituzaingó, que podría lograr el ascenso este fin de semana si pueden superar al Sportivo Barracas. Merentiel también ha marcado dos veces en los últimos dos partidos, dando a Boca una ventaja inesperada en la delantera tras la larga lucha en ese aspecto durante gran parte del año.
La confianza ciertamente es alta en La Boca. “Vamos a ganar el Superclásico porque estamos en un buen momento”, aseguró Milton a Radio Continental la semana pasada. Ubeda fue más cauteloso, pero lanzó una advertencia a River antes del partido: “El Superclásico es un evento mundial que todos experimentaremos intensamente. Sabemos cómo jugarlo. Nos estaremos preparando a fondo para este partido con el fin de terminar el [Clausura] como teníamos planeado.”
Así, la gran pregunta, por fin. Después de forzar la salida de tantos entrenadores de Boca durante su mandato —dos en los últimos 14 meses, tras las victorias del Superclásico que provocaron que Diego Martínez y luego Fernando Gago abandonaran sus cargos— ¿podría Gallardo estar preparándose para probar un trago de su propia medicina? ¿Podría la derrota ante el némesis de River, la octava de Gallardo en los últimos once partidos, terminar su segundo periodo en el Monumental?
Parece muy improbable, sobre todo porque ‘El Muñeco’ ha firmado un nuevo contrato de un año apenas cuatro días antes del derbi, una muestra extraordinaria de apoyo por parte de Di Carlo en su primera semana en el cargo. Pero la derrota en la Bombonera dejaría, no obstante, a Gallardo en una posición de debilidad sin precedentes a los ojos de la nueva administración y, como mínimo, arrojaría luz sobre las políticas de traspasos que han estado más centradas en el gasto que en los resultados desde que regresó para este segundo periodo.
Boca tendrá más hambre que nunca, jugando por la memoria de Russo y deseando añadir más desgracia a sus rivales en apuros, todo lo cual añade aún más picante a un encuentro que no puede faltar en el calendario futbolístico de cada temporada.