Fuego cruzado para la cúpula de la AFA ante acusaciones de corrupción persistentes

13 febrero, 2026

La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) tiene su sede en la avenida Viamonte de la ciudad de Buenos Aires, pero la verdadera dirección del poder no está en Google Maps: es una red de relaciones, contratos, silencios y decisiones que durante años funcionó sin que se preguntara demasiado. Hasta ahora.

El fútbol argentino, campeón del mundo en el césped, está atravesando su momento más incómodo fuera del terreno de juego: investigaciones judiciales, quejas empresariales, acusaciones políticas y una guerra total por el control del negocio. En el centro del escenario hay dos nombres: Claudio ‘Chiqui’ Tapia, presidente de la AFA, y Pablo Toviggino, tesorero y pieza clave política del sistema.

No hay un único caso. Hay varias historias superpuestas, con diferentes actores y metas que a veces coinciden y en otras no. Algunos han llegado a los tribunales. Otros se sientan en despachos políticos. Otros son contratos internacionales. Todos hablan el mismo idioma: el poder.

El expediente más delicado no nació en una sala de redacción ni en una conferencia de prensa. Nació en un órgano de control y llegó a los tribunales penales económicos. La denuncia investiga si la AFA retuvo contribuciones de seguridad social y de impuestos y no las pagó de manera oportuna, lo que en derecho penal tributario equivale a algo llamado retención ilícita. No es una evasión clásica. Es peor: apropiarse de dinero que ya ha sido descontado.

Tanto Tapia como Toviggino han sido imputados en este caso. Una imputación no equivale a una sentencia. Significa que los tribunales los consideran formalmente parte de una investigación penal. El expediente aún está en la fase preliminar. Se analizan balances, transacciones bancarias, flujos de caja y pasivos administrativos.

Nadie ha sido procesado ni sentenciado. Pero el riesgo existe: si se prueba el delito, las sanciones pueden incluir multas, inhabilitaciones y, en última instancia, pena de prisión. En términos de poder, este caso tiene un problema adicional: no depende del ánimo político, sino de papeles, números y plazos. La contabilidad no tiene opinión. Todo cuadra.

Paralelamente, otra investigación avanza más lentamente en silencio: cambios en el patrimonio de los dirigentes de la AFA. El detonante fue simple y típico: activos costosos que no cuadran con sus ingresos declarados. Casas, propiedades, transacciones corporativas. Nada probado. Todo bajo análisis.

Los tribunales intentan responder a una pregunta básica: ¿se pueden explicar los activos investigados con ingresos conocidos? Para ello se analizan empresas, intermediarios, posibles testaferros y transferencias de fondos. No hay imputaciones decisivas por enriquecimiento ilícito ni malversación. Tampoco se ha cerrado la investigación. Es un caso que no hace ruido, pero resulta incómodo. Porque cuando entran en juego los activos, la historia deja de ser política y se vuelve matemática.

Hay más en el fútbol argentino que la simple pasión. Es una industria de varios millones de dólares. Derechos de televisión, patrocinadores, adelantos financieros, préstamos, intermediarios. En ese mundo hay contratos que están hoy bajo revisión judicial. Los tribunales analizan si algunos acuerdos fueron desfavorables para la AFA, si estuvieron inflados, si ayudaron a desviar fondos o encubrieron maniobras irregulares.

Los casos incluyen registros, la incautación de documentación y dictámenes de peritos contables. No ha habido sentencia. Aún así hay algo más serio para un sistema que se jacta de ser ordenado: la opacidad. Una vez que los contratos no pueden explicarse, las sospechas se explican por sí mismas.

Durante años, los patrocinadores negociaron en silencio. Hasta que uno de ellos decidió alzar la voz. Socios.com, una empresa internacional vinculada al negocio de las criptomonedas y al marketing deportivo, rompió el molde. Suspendió pagos. Reportó incumplimientos. Acusó públicamente a la alta dirección de la AFA. Y pidió la renuncia de Tapia.

No es un caso penal en Argentina. Es un conflicto comercial y contractual, con derivaciones internacionales. Sin embargo tiene un valor simbólico enorme: por primera vez, un actor privado global ha cuestionado la gobernanza del fútbol argentino. Para la AFA, fue una traición. Para el sistema, una alarma. Para la política, una oportunidad.

Cuando se mueven el dinero y el poder, la política siempre aparece. Legisladores y dirigentes presentaron quejas ante organismos deportivos internacionales, cuestionando a la dirigencia de la AFA.

Estos no son casos criminales. Son denuncias éticas e institucionales. Hablan de concentración de poder, falta de control y conflictos de interés. Las posibles consecuencias no son tiempo de prisión, sino sanciones deportivas, suspensiones o aislamiento institucional. Para un dirigente del fútbol, eso puede ser tan serio como una sentencia judicial.

La historia no es una calle de sentido único. La AFA también presenta sus propias denuncias. Tapia y su plana mayor sostienen que hay un ataque político para disciplinar al fútbol. Denuncian la intromisión del Estado, el uso selectivo de los organismos de control y la presión mediática coordinada. La AFA defiende la autonomía de las asociaciones deportivas, un argumento históricamente poderoso. También presenta cargos judiciales, rechaza imputaciones y aporta documentación. Desde su punto de vista, no hay corrupción: hay persecución.

Hay casos judiciales abiertos, hay imputaciones formales, hay investigaciones de activos y hay conflictos comerciales reales. No hay convicciones firmes, intervenciones judiciales ni inhabilitaciones definitivas. El partido sigue en juego. Pero el desgaste ya se siente.

El conflicto no es solo Tapia. O Toviggino. Es un modelo de poder cerrado, construido durante años sin auditorías externas fuertes, sin una oposición real y con un sistema de recompensas y castigos que fijó el fútbol desde la cúpula. Cuando ese modelo empieza a desmoronarse, emergen los expedientes.

La pregunta no es si la AFA cambiará de presidentes ya. La pregunta es más incómoda: ¿puede el fútbol argentino seguir gobernándose a sí mismo como si fuera una caja negra en un país que ya no tolera cajas negras? Los tribunales aún no se han pronunciado. Pero el partido ya ha comenzado, sin duda.


Martín Arancibia

Martín Arancibia

Soy Martín Arancibia, periodista deportivo apasionado por las historias que nacen en el fútbol argentino. Me especializo en crónicas y análisis que buscan ir más allá del resultado. Creo que cada partido es una oportunidad para contar algo que conecte con la gente.