Al finalizar una transferencia, el nombre del jugador suele ser una consideración secundaria para el club comprador. En el caso de Marcos Rojo, sin embargo, Racing enfrentó un dilema único, por no mencionar bastante ridículo. El apellido del ex-defensor de Boca es también el apodo preferido de sus rivales acérrimos, Independiente, y claramente no sería apropiado darle publicidad gratuita al medio rojo de Avellaneda cada vez que salga a la cancha.
¿Qué iban a hacer La Academia, entonces? El equipo podría haber elegido una variante basada en una paleta de colores de su apellido, optando quizás por Marcos Escarlata, tal vez, incluso Cerise o Vermillón. Si querían seguir otro camino, Marcos Pantone 032, o Marcos RGB 239, 51, 64 tienen un cierto aire, incluso si pueden sonar un tanto clínicos e impersonales. En última instancia jugaron a lo seguro, estampando Marcos R. en la camiseta del jugador, que se vio por primera vez en una aparición desde el banquillo durante la derrota de Racing ante Peñarol, la primera aparición de R*** en más de tres meses.
Rojo trae consigo mucho bagaje, habiendo pasado gran parte de sus cuatro años en La Bombonera ya lesionado o suspendido antes de irse finalmente en medio de una ruptura acrimoniosa con el entrenador Miguel Ángel Russo. Pero eso no parece haber desanimado al conjunto de Avellaneda: cuando le preguntaron qué buscaba Gustavo Costas al incorporarlo, Marcos respondió: “Quería a un hijo de puta en el equipo.”
La incertidumbre de la camiseta no fue el único drama que acompañó a la transferencia gratuita del futbolista conocido anteriormente como Rojo desde Boca a Racing la semana pasada, adecuada para un jugador que parece atraer el caos y la controversia. Un tecnicismo en las reglas de transferencias de la AFA significa que, como rescindió su contrato con el Xeneize después del 24 de julio, Marcos no podrá representar a sus nuevos empleadores durante la totalidad de la fase Clausura de la Liga Profesional. Eso lo deja solo la Copa Argentina, en la que Racing está esperando disputar la ronda de cuartos de final, y la Libertadores, donde, basándose en lo mostrado la noche del martes, su participación podría resultar muy corta.
La derrota de Racing en Montevideo fue otro tropiezo en lo que ha sido un inicio difícil de esta segunda mitad del año. La salida de Maxi Salas rumbo a River Plate ha robado a la delantera gran parte de su velocidad y dinamismo, haciendo de La Academia un objetivo mucho más predecible para las defensas rivales. El delantero estrella Adrián ‘Maravilla’ Martínez también ha sido una sombra de su yo habitual desde que perdió a su compañero de ataque y se muestra frustrado en el terreno de juego, incapaz de recapturar la magia.
Racing fue la fuerza ofensiva más potente del continente al inicio del año, con 26 goles en el Apertura y 14 en la fase de grupos de la Libertadores; en sus últimos cinco encuentros de Clausura y Libertadores, por el contrario, han logrado anotar apenas dos veces, siendo la más reciente el empate 1-1 de este sábado frente al antiguo club de Marcos, Boca. A ello hay que añadir la ineficacia en ataque y una tendencia a desmoronarse en su propia área de seis yardas, y es fácil entender por qué las cosas están yendo mal para el equipo, a pesar de la energía inagotable de Costas en la banda.
El defensa siempre agresivo debería sentirse al menos como en casa al escuchar el silbato del árbitro: Racing ha cometido nada menos que 41 faltas en esos dos últimos partidos contra Boca y Peñarol, además de acumular nueve tarjetas amarillas. Todo ello sugiere que el diagnóstico de Costas al fichar al jugador a quien no se atreve a nombrar podría estar equivocado: más que hijos de puta, La Academia necesitan con urgencia cabezas frías y un nuevo sistema que pueda compensar el hueco dejado por Salas si quieren evitar que esta temporada se les desvíe por completo.