Con la emoción de que la Liga Profesional de Fútbol Apertura ya ha terminado — ¡Belgrano es campeón, qué locura es eso! — nuestra atención pasa sin fisuras a un torneo de significado global quizá igual o mayor. Eso es: el Mundial está a la vuelta de la esquina, y a juzgar por la cantidad de anuncios relacionados con el fútbol y por el frenético intercambio de cartas Panini, hay una gran anticipación respecto a la defensa del título por parte de los actuales campeones.
Lionel Scaloni publicó su lista el pasado jueves: la lista de la selección argentina para el Mundial, o la lista de admisión para una sala de hospital de Buenos Aires desbordada, dependiendo de cómo se mire. Argentina ciertamente tiene el talento para volver a avanzar profundamente en Estados Unidos, México y Canadá, pero las cruces rojas simbólicas que en este momento acompañan a tantos de esos nombres no pueden sino ser motivo de preocupación apenas una semana antes de que la Selección debute en el torneo frente a Argelia.
Al cierre de este fin de semana, siete de los 26 integrantes de la plantilla llevan algún tipo de malestar físico que, como mínimo, les hará perder parte de la preparación previa al Mundial, si no algunos de los partidos mismos. Y no son jugadores elegidos para hacer número. El portero Emiliano ‘Dibu’ Martínez es una preocupación particular, tras fracturarse un dedo mientras lideraba a Aston Villa hacia la victoria en la final de la Europa League de mayo.
Messi también está corriendo contra el reloj para recobrar la forma. El capitán y talismán de Argentina está luchando contra un problema muscular que limitará su participación frente a Honduras el sábado por la noche y ante Islandia el martes siguiente. Otros en observación incluyen a Leandro Paredes (isquiotibial), Nico Paz (rodilla), Julián Álvarez (tobillo) y Thiago Almada (fatiga muscular); mientras que, sin duda, la mayor preocupación llega a la línea defensiva, con Cristian Romero tratando de regresar de un problema en el ligamento de la rodilla que arruinó su temporada en el Tottenham y ambos laterales derechos, Nahuel Molina y Gonzalo Montiel, en distintos estados de deterioro.
La composición de la plantilla de Scaloni deja claro que está preparado para volver a apostar por los chicos que llevaron a Argentina a la gloria en Qatar, con el núcleo de ese grupo prácticamente sin cambios, salvo algunos retoques en los márgenes. Eso es loable y comprensible: esta generación sigue en pleno de su mejor momento, con un par de jugadores clave de 2022 que se espera que estén aún mejor esta vez tras prosperar en los tres años y algo transcurridos.
Pero esa continuidad conlleva riesgos. Este Mundial llega claramente en un momento difícil para muchas de esas estrellas, y la apuesta del entrenador es que estarán listos justo a tiempo para lo que serán las Finales más arduas de la historia, con más partidos que nunca y disputados principalmente bajo temperaturas elevadas en pleno verano del hemisferio norte.
Si funciona, la reputación de Scaloni como uno de los mejores —si no el mejor— entrenadores de Argentina de todos los tiempos quedará asegurada; si no, podría ser un duro tramo en los próximos meses, con tantos rostros familiares pasando tiempo en la mesa de tratamiento y tratando de volver a la forma.