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Tanque, mi buen amigo

28/03/2020
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Nota redactada por MendozaGol.
ESPECIAL. El día que me reencontre, con mi amigo, el Tanque Gímenez.

Un reencuentro más que especial, la historia con Daniel Gímenez.

En Mayo del 2006 yo era jugador de las inferiores de Godoy Cruz (un jugador del montón para esa cantera de oro) en una época donde el club no se caía a pedazos pero casi. En realidad no era la institución modelo que es hoy, así suena mejor y nadie se ofende. La cantera era el centro de entrenamientos donde cientos de pibes soñábamos a la par algún día cruzar la calle Balcarce y jugar en el Gambarte, aunque la gran mayoría se perdió a mitad de camino, entre el boulevard y el callejón José Flores.

Además de ser un jugador de inferiores del montón también era hincha del club. Un hincha fiel, que lloraba pegado a la radio desde la oscuridad de mi habitación cuando el equipo nunca ganaba de visitante y que también soñaba con vestir la camiseta del maniquí del local de la plaza, la que miraba embobado desde el cordón de la vereda, mientras esperaba el 71 para volver a casa luego de entrenar.

Después, todos los flashes del éxito me agotaron el entusiasmo. Suena contradictorio, es cierto: ¿Qué hincha no quisiera ver a su equipo en primera, ganándole a Boca y a River, jugando una Copa Libertadores, peleando un torneo local? Ese Godoy Cruz postmoderno dinamitó mi efervescencia de tablón pero eso fue unos años después de emborracharme con lo que para nosotros fue lo más parecido a la gloria.

El 20 de Mayo de aquél año yo, además de ser un jugador del montón e hincha empedernido, también era alcanzapelotas de esa campaña memorable del Tomba que dirigía el Chocho Llop. Bondades de trajinar en el sinuoso camino de las inferiores, supongo. El Malvinas se venía abajo. Enfrente estaba el Nueva Chicago de Higuaín, Carranza, Sigali, Vega, Pellerano. Adelante, la final más importante de nuestra historia. La ida en Mataderos había sido 1 a 1 y todo se definía en casa. (Bueno, en realidad en Mendoza, porque nuestra casa era el Gambarte. Pero los partidos importantes se mudaban al parque y vaya que éste lo era).

Cuando salí del túnel a la cancha no podía entender la locura que había en esas tribunas. Hoy por ahí a todos se nos hizo más familiar esto de jugar en Primera, de ir al Malvinas, de ver tantas cámaras. En aquella época no, en aquella época era todo muy nuevo. Salté el cartel de Nevada y me acomodé para sufrir noventa minutos que en realidad fueron un poco más porque el empate 1 a 1 con goles de Villar y Carranza llevó el partido al alargue. Maldito pelado.
Al Tanque Giménez lo conocí trabajando en un programa de radio. Yo había dejado de ser un jugador del montón, un hincha fanático y un alcanzapelotas para convertirme en periodista deportivo, la vía de escape que tenemos todos los futboleros frustados para seguir siendo parte del show lo más cerca posible. El primer día que tuve sus rulos al lado no lo podía creer. Él cebaba mate y daba sus conceptos de ex jugador, yo cada tanto lo miraba para entender que todo era cierto.

Después, la rutina y su humildad nos hicieron cercanos. Lo jodía en las pausas, le escondía el termo, lo tuve en Whats App. Se volvió cotidiano y lo bajé del póster. ¿En qué momento pasó todo eso? ¿Cuándo crucé la línea y el ídolo se convirtió en mi amigo? Creí que fue por esas tardes de aquél ciclo que conducía Chapa Olmedo en Radio Jornada. Después me di cuenta que no. Que nuestra relación nació mucho antes, aquél 20 de Mayo del 2006, cuando yo era un jugador de inferiores del montón, un hincha fanático y un alcanzapelotas que corre para abrazarlo tras ese gol que es el 2 a 1 a Chicago y se pierde abajo de la montaña de jugadores que gritan desaforados al unísono el gol más importante de la historia de Godoy Cruz. Él creo que no se acuerda. Nosotros, sus amigos, no lo olvidaremos jamás.

Por Amadeo Inzirillo

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