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El secreto del campeón

06/07/2018
Foto: Prensa San Martín
Nota redactada por MendozaGol.
OPINIÓN. San Martín fue el mejor de principio a fin en la Liga Mendocina, y se coronó como campeón después de 9 años. Los protagonistas, los números, los motivos, el presente y el futuro, todo tiene un porqué.

No voy a empezar mintiendo, en este San Martín campeón no hubo ningún secreto. Las arrolladoras estadísticas, la indiscutible superioridad ante sus rivales y la cantidad de fechas imbatibles tienen un porqué que siempre estuvo a la vista de todos: el trabajo.

El 9 de marzo de este año, antes de jugar el primer partido, Bermegui lo anticipó en diálogo con MendozaGol. "Siempre hay que tener humildad, la bandera del trabajo y más compromiso a la hora de estar en un club grande como San Martín", avisó, y todo el grupo marchó detrás de esa bandera hasta el final.

Quienes tuvieron la oportunidad de ver el día a día del León sabrán de qué hablo, de un Bermegui que trabajó en cada detalle del juego y de un plantel entero comprometido con el DT y su idea. No exagero si digo que entre semana San Martín ensayó jugadas preparadas en laterales, saques desde el arco, y hasta cuando sacaba del medio. Todos los movimientos dentro de la cancha orquestados, desde el más mínimo hasta el más complejo.

Para ello, no necesitó sólo de un CT que laburó más de lo que descansó, sino también de jugadores dispuestos a aprender, a adaptarse, y a arriesgar por la causa. Y por eso el campeonato tiene nombres propio. Bermegui confió y le dio protagonismo a muchos pibes, a chicos del club que esperaban y necesitaban su oportunidad, y éstos le respondieron a la altura de las exigencias: Lucero, Salvador, Atencio, Roggerone, Peña, Domenech.

A ese grupo de pibes entusiastas y atrevidos hay que sumarle a una camada con más recorrido que jugó una Liga Mendocina con la misma seriedad e importancia con la que se enfrenta cualquier torneo de mayor envergadura. Videla, Buenanueva, los hermanos Moyano, Villaseca, Vargas, Sandoval y Contrera aportaron la experiencia necesaria para este tipo de consagraciones. Para completar, nuevas caras que se adaptaron rápido y rindieron a la par del resto: Pérez, Carrasco, Pinea, Tersigni, Vallejo.

Sin ser irrespetuoso, me animo a decir que no es un plantel de figuritas, como se dice en el barrio. Todos tipos del pago, de Mendoza, con más o menos experiencia en el Federal y en el fútbol de la provincia. Ahí también hay mucho mérito. Allá quedaron los que abandonaron el barco a tan sólo días de zarpar, pues el barco finalmente llegó a destino.

Para hacerlo jugó 18 partidos, ganó 14, empató 3 y perdió 1. Fue el que más convirtió (43) y uno de los que menos goles recibió (13). Alcanzó los 45 puntos con una efectividad del 83,33%. Abrumador, indiscutible. Pero lo más importante es que no consiguió nada de esto regateando ni siendo mezquino, pues no hubo un solo partido que se viera superado futbolísticamente por el rival. Ni siquiera en el único que cayó, ante Rodeo en cancha de Montecaseros, ante un rival de enorme jerarquía que se puso en ventaja e hizo méritos para mantenerla.

Así como cuando se hacen las cosas mal hay que criticarlas, es obligación y nobleza reconocerlas cuando se hacen bien. Y he aquí la felicitación. Porque en un lugar donde abundan los fracasos hace años, donde sobran los malintencionados y las conspiraciones, hubo un grupo que transpiró para poner, de una vez por todas, el escudo albirrojo en lo más alto.

Será tarea de los hinchas valorar este título como se merece en el presente, y será tarea de dirigentes hacer que sirva y sacarle frutos en el futuro. Porque aún con un porvenir incierto, cuerpo técnico y jugadores hicieron su tarea: construír una base sólida y con mucho por explotar. Que sirva, que no quede sólo en el pasado. Los resultados de la seriedad y el compromiso están a la vista. No hubo ningún secreto, hubo trabajo.

Por Gabriel Pérez Iglesias

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