• :

Un largo camino a casa

01/10/2016
"Campeones del Barrio", Antonio Berni
Nota redactada por MendozaGol.
FÚTBOL. ¿Cuánto vale jugar un picado para el equipo de tu barrio?

La puerta de vidrio de la secretaría del club cierra con el impulso del vaivén. Blas camina los metros que lo separan de la parada del colectivo que lo lleva de regreso a casa mirando el piso. Son apenas unas cuadras, mientras intenta asimilar el golpe al mentón que le dedicó ese sobre papel madera. "Jugador en libertad de acción" son las cinco palabras que no hubiese querido sentir nunca. No se las dijo nadie y eso en el fondo le da un poco de bronca. Ni el técnico de su categoría, ni el coordinador de inferiores, mucho menos el presidente. Ninguno se hizo cargo del muerto que significa cortarle el sueño a un pibe con aires de futbolista. En la parada sólo espera una señora mayor, quién le saca el tema del estado del tiempo. Porque no desaparece de la faz de la tierra, piensa para sus adentros. No tiene ganas de escuchar a nadie. Aún le queda un largo viaje de vuelta a su hogar, donde será momento de explicarle a su padre la buena nueva. ¿Qué carajo va a decirle? ¿Con qué excusa va a explicarle que lo rajaron del club? ¿Qué va a hacer de su vida? Demasiadas preguntas para un solo Dios. El colectivo viene a los lejos con el ruido a batifondo de una carrocería de hace años. La señora lo detiene con la poca fuerza que le queda en uno de sus brazos y ambos suben despacio. La cruz roja del visor le indica que su Red Bus no tiene carga, como para agregarle un hermoso detalle a un día espectacular. La anciana se para y le paga el viaje, a lo que Blas agradece con un hilo de voz. Mientras se va para el fondo del colectivo se maldice por no tener la capacidad de poder separar los términos. Una cosa es el fútbol y otra muy distinta es la vida, aunque a veces se parezcan demasiado. Se deja caer en el último asiento y pierde su vista contra una de las sucias ventanas. Trata de pensar por qué llegó a esta horrible situación mientras hace un repaso mental de su incipiente carrera: llegó al club con edad de novena, fue suplente el primer semestre y luego agarró la titularidad por la lesión de un compañero para no salir más. Campeón ese año, al igual que en octava, en séptima y en sexta. La de séptima merece un mayor espacio en el recuerdo: ese día clavó un golazo en la final que significó el título y el derecho de sentarse en la cabecera de la mesa de casa durante una semana premiado por su padre. En quinta agarró un técnico que le hizo las cosas difíciles, no sólo salió del once titular sino que varios partidos quedó afuera de la lista. "Marca poco" decía el entrenador. "No sirve para el fútbol de hoy". Viejo ignorante, piensa Blas. Iniesta, Xavi, Riquelme, Pastore, son algunos de los nombres que se le vienen a la memoria de tipos que ´marcan poco´ y todos habitan el fútbol actual. El 61 cruza Paso de los Andes, señal de que falta poco para la llegada al barrio y aún no tiene la más remota idea de qué va a decirle a su padre. Antes deberá pasar por el campito donde cada tarde juegan sus amigos y tendrá que contarles a ellos. La lógica es simple: la canchita está previo a su casa. Al menos ahora podrá prenderse a los picados, algo que no ocurre desde hace un buen tiempo. Su padre se lo prohibió ni bien fichó en la Liga Mendocina. "Ya sos un jugador profesional", le dijo pese a sus incipientes 11 años. Siempre lo presionó de alguna manera, así lo ha sentido siempre Blas, al menos. En pequeñas cosas aunque la que más sintió fue la diferencia que marcó con sus cinco hermanos. Él era el único que podía repetir en la comida, por caso. Todo porque jugaba en las inferiores de un club. Jugaba, pretérito imperfecto. Blas jugaba en un club de inferiores. Desde hoy a la mañana ya no. El micro dobla en Segundo Sombra y empieza a marcar el final de su viaje, será momento de intentar explicar su situación en casa. Antes de bajar decide ir a darle las gracias a la señora que pagó su boleto, le parece políticamente correcto. ¿Y que lo hayan dejado libre? ¿Eso también es políticamente correcto? Otra vez la vida y el fútbol en el mismo paquete, la puta madre. El chofer lo deposita en la entrada de su barrio, no sin antes recordarle que "se baja por atrás, nene". Tiene ganas de mandarlo a la mierda, aunque no lo hace, quizás porque tiene la cabeza en otro lado. Como un acto reflejo clava la vista en la punta de sus zapatillas y empieza a caminar. A lo lejos empieza a asomar la canchita de tierra. A la distancia divisa a los pibes, agrupados de un lado del campo. Su floja vista le prohíbe adivinar quiénes son los rivales. Piensa desviarse de camino para no tener que cruzarlos y así evitar el momento apático de tener que contar su fracaso futbolero siguiendo viaje, por más que eso acorte el tiempo de tener que enfrentar a su padre. Pero no lo hace. Sus amigos son los que lo han bancado siempre, en las buenas y en las malas, así que levanta la cabeza y enfila hacia la canchita. Mientras camina intenta recordar cuando fue la última vez que jugó ahí, en ese tierral que lo vio nacer. Si habrá pasado tardes enteras pateando en ese lugar. La cercanía le permite enterarse que el equipo contrincante es el del Gordo Beto, clásico acérrimo de toda la vida y le asaltan unas ganas terribles de ser parte de ese duelo después de tantos años. Saluda a los suyos con el brazo en alto y el Negro le dice, casi a los gritos, que les falta uno para completar el equipo. "La estrellita no juega en el potrero", lanza el Beto. Es pícaro ese Gordo. "Todo porque vos no pasaste ni la prueba", el que salta en su defensa ahora es Carlitos, quizás el mejor nueve con el que Blas jugó jamás. Ni sus compañeros de inferiores tenían el olfato goleador de su amigo. La cosa está caliente y eso que todavía ni larga. ¿Qué hacés? Interroga de nuevo su compadre de ataque. Pero la pregunta queda dando vueltas en el aire, porque Blas ya está metido en la parte de la cancha que le corresponde atándose los cordones de sus zapatillas nuevas. Todos le clavan los ojos, atónitos, porque ninguno cree lo que ve: el pibe franquicia del barrio está listo para el partido de su vida, el que más extrañó en sus años de jugador federado. Total, para explicarle a su padre lo ocurrido con su pase (y también el estado deplorable de sus zapatillas nuevas después del picado) tendrá 90 minutos extra, tiempo más que suficiente para pensar una linda excusa.

Por Amadeo Inzirillo

Comentarios
Quiénes somos | Términos y condiciones | Contactanos
Copyright © 2017 MENDOZAGOL | Todos los derechos reservados
Diseño: Letz Paladini