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Acá estabas fútbol

17/09/2016
Nota redactada por MendozaGol.
FÚTBOL. En aquellos que dejan su ajetreada vida en suspenso por 90' para ir a la cancha, que se avivan de robarle el vuelto de los mandados a la vieja para poder pagar la entrada y más...ahí estás.
Es tarde, al menos para mí. El reloj marca que son las 20.49, por lo que restan sólo once minutos para que finalice mi turno laboral. Estaba haciendo tiempo para consumir los segundos, cuando vi, en primera persona, lo que me llevó a escribir ésto. No importa que deba quedarme después de hora para redactarlo, la situación creo que lo amerita. Por eso me asaltó el dilema de si no es una buena idea volver a sacar mi computadora del bolso para transmitir ésto, algo de lo que me convencí al instante. Decía que estaba en mi trabajo, una sala de prensa de un medio local. No importa mi rol en esta empresa, hoy no. Sí es necesario destacar que esta oficina tiene una ventana que da al interior del edificio. Con la mirada clavada en el vidrio y mis ojos sin ver a nadie, pasó un compañero a paso ligero. Salí rápido a saludarlo, porque estaba al tanto de que él comenzaba sus vacaciones en breve. Cosas de un tipo mortal que tengo, no sé porqué. Éstas de querer tener un buen clima en el laburo, digo. Lo estreché en un abrazo y le deseé un próspero descanso, con algo de bronca interior, porque para mi tiempo de reposo todavía restan un par de semanas. Me agradeció el gesto, pero me dijo una frase que me dejó tambaleando en mis pensamientos: "Las vacaciones bien, gracias. Pero ahora me voy a ver a XX, y eso, verdaderamente, no tiene precio". Leasé XX como el equipo al que sigue de chico. No interesa el nombre de su club. Puede ser Lavarriere, Godoy Cruz o Boca, o al que usted más le guste. El tipo completa la escena con la camiseta alternativa de su cuadro. Esas telas complicadas para el verano, y también para la salud, porque acelerar el paso y generar roce puede ocasionar la trágica escena de prenderte fuego. "Este año somos candidatos enserio, acordáte lo que te digo". Con esa frase me despide, da media vuelta y se pierde por el fondo del pasillo. Yo no le respondo. No porque no quiera, ojo, sino porque no puedo. Se perfectamente que su equipo no va a campeonar, lo sé a la perfección. No porque sea adivino, sino porque veo fútbol hace mucho y esas son cosas que uno (yo o cualquiera que nació con una pelota) leemos a la perfección: un equipo medio pelo, con una cancha que tiene el piso con respirador artificial y las paredes que se vienen abajo, un presupuesto levemente superior que mi escueto sueldo de periodista para un plantel de 30 jugadores y una Comisión directiva que hace todo a pulmón y se juntan en la sede para hablar más de sus nietos que del escaso movimiento del club. El panorama es claramente desolador. Por eso entiendo que el título es algo imposible. Pero no puedo dejar de emocionarme. Por tipos como éste, digo. Que dejan su ajetreada vida en suspenso por 90 minutos cada semana para ir a la cancha, que se avivan de robarle el vuelto de los mandados a la vieja para poder pagar la entrada y que se ponen la camiseta de su amado club por más que el termómetro marque 70 grados a la sombra. Ahí está el fútbol, señores. El fútbol, o la vida, que para el caso es lo mismo. No lo busquen más.
Por Amadeo Inzirillo
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