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Il vecchio signor

Offside
28/04/2016
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Nota redactada por MendozaGol.
OFFSIDE. Me crucé en Internet con un texto que hablaba de los abuelos. No recuerdo bien la página, pero me llamó mucho la atención la imagen...

Me crucé en Internet con un texto que hablaba de los abuelos. No recuerdo bien la página, pero me llamó mucho la atención la imagen que ilustraba la nota: un señor bien mayor, riendo entre sus arrugas con un pequeño que no tenía más de siete u ocho años. Eso fue motivo suficiente para leerla y el salvoconducto que me trasladó directamente a mi abuelo. Un tipo maravilloso, de profesión peluquero y de origen italiano. Dejó su país en el caos de la guerra y viajó con más incertidumbre que esperanza a un país que lo cobijó con los brazos abiertos desde el primer día. Lo quise mucho a ese abuelo, no sé bien el motivo. No era muy charlatán que digamos pero siempre tenía la palabra justa para el momento adecuado (y ni hablar del ejército de golosinas que escondía en lo alto de su placard, al que lograba acceder luego de un sinfín de maniobras). Era hincha de la Juventus, algo que me molestaba un poco, porque siempre sostuve que es fácil ser de los equipos grandes. Esos conjuntos temibles, consolidados desde siempre y que ganan a todo lo que juegan cada temporada. "Los colores no se eligen, Amadeo", me decía en su tono bajito para fundamentar su pasión. No lo entendía, pero en el fondo lo aceptaba. Al fin y al cabo ¿Cuántas personas son de Boca o River? Seguro muchas más que las de Acasuso o Comunicaciones. Ahora bien,con lo que no podía lidiar era con su negación al fútbol de Mendoza. Le dije una y otra vez que era un tipo injusto con la provincia que le dio la oportunidad de "ser alguien en la vida". "Siempre somos alguien en la vida, al margen de la profesión, clase social, equipo de fútbol o país donde vivamos" contragolpeaba bien, ese abuelo. Más allá de esas pequeñas diferencias teníamos una relación increíble. Aprendí mucho a su lado, de esa educación que no te brinda ninguna institución académica. Pero la vida es así, o los ciclos de la vida son así, mejor dicho. Nada es para siempre. Una tarde de otoño el árbitro pitó el final de su vida y el apagó sus luces. Loré. Lloré mucho, al punto que me quedé seco. Era tal mi tristeza que me juré no ver fútbol italiano por un tiempo. Descolgué un viejo póster de Del Piero que tenía en mi habitación y archivé las dos camisetas blanco y negra que el me había regalado. Que tontera, ahora que lo pienso. Lo del fútbol italiano, digo. Como si eso fuera a traérmelo de regreso a la sobremesa del domingo. Mecanismos de defensa, que le dicen. Así fue que empecé a encariñarme con el fútbol de acá. Ese que no tiene flashes, ni repercusión mediática. Donde muchos tipos van a entrenarse después de trabajar de cualquier otra cosa. No hay cuentas millonarias ni autos lujosos en los estacionamientos de las prácticas. No hay nada de todo eso que nos muestra la televisión. Son los dos fútbol, el de acá y el de allá. Once contra once, pero con realidades bien distintas. Hay veces que me molesta ese `otro` fútbol. El de allá, digo. Y me fastidian los hinchas de `acá´ que gritan los goles del Barcelona o son hinchas del Bayern Munich. Los he discutido toda mi vida y mi argumento es siempre el mismo: "¿Cuántas veces fuiste al Camp Nou?. Pero hay otras pocas veces, como hoy, que no. Porque llegué tarde a casa y el tele estaba encendido desde vaya a saber cuándo. En la pantalla estaban los jugadores de la Juve, festejando el título ochocientos cuarenta y tres de su historia. Y en esa maraña de camisetas blanquinegras, ahí, mezclado entre Dybala, Buffón y Pogba, lo vi a mi abuelo. Apenas saltaba, reía por lo bajo y tomaba su copa de coñac de dulce de leche. Fue ahí, en ese preciso instante, cuando terminé de entender que los colores no se eligen.

Por Amadeo Inzirillo

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